Festival de la Floración 2026
Es posible que las irregularidades del cambio climático nos despisten respecto del inicio y final de las estaciones anuales. Pero de manera oficial, entre los próximos días 20 y 21 de marzo, tendrá lugar el equinoccio de primavera, por lo que celebraremos con vosotros el inicio de nuestro Festival de la Floración.
Como preparación a tan importante efeméride, Visitar publicará una colección de vídeos referentes a nuestro tema favorito, la vegetosfera.
- Selvas y bosques tropicales, la piel frondosa de la tierra. Será el vídeo primero.
- Bosques de coníferas y bosques templados, la piel frondosa de la tierra.
- Sabanas, praderas y estepas. Una piel de pelo corto.
- La tundra y los desiertos. Una piel vegetal resiliente.
- Parques y zonas verdes en Madrid. Vegetosfera urbana. Será el contenido de nuestro quinto vídeo.
- Arbolado urbano de Madrid. Principales especies dentro de la vegetosfera urbana. Constituirá el vídeo 6.
- Y los árboles eficaces gestores ecosistémicos, compondrá el contenido del vídeo 7.
Posteriormente se publicará la serie de Familias de las plantas, en la que se hablará sobre las asteráceas, una familia muy numerosa, una familia de concurso, una familia cosmopolita y generosa.
Y sobre las fabáceas o leguminosas, una familia con futuro.Un poco más adelante hablaremos de los paseos botánicos que Visitar organiza en relación con la salud física y demostraremos cómo las visitas a los parques de Madrid reducen el estrés emocional y estimulan cognitivamente a los participantes de nuestros paseos botánicos o baños verdes.
1. SELVAS Y BOSQUES TROPICALES: LA PIEL VEGETAL Y FRONDOSA DE LA TIERRA
La vegetosfera es la piel vegetal que envuelve la Tierra. Un neologismo creado para nombrar esa capa viva de plantas y seres fotosintéticos que cubre valles y montañas, que endulza el aire y nos regala oxígeno. Si la biosfera agrupa a todos los seres vivos, la vegetosfera es su expresión vegetal: ese tapiz verde (y a veces rojo, azul o violeta) que constituye la base de la cadena alimentaria.
Y no es solo supervivencia. La vegetosfera también nos habla a los sentidos, nos emociona, nos cura. De hecho, se ha comprobado que los enfermos hospitalizados que pueden contemplarla desde una ventana mejoran más que aquellos que no. Por eso duele cuando se reduce a un adorno, como si poner unos tiestos en los balcones fuera suficiente para frenar el cambio climático.
Ahora volvamos la mirada a su manifestación más exuberante: las selvas y bosques tropicales. Cerrad los ojos e imaginad que sobrevolamos el planeta en un globo silencioso. Desde lo alto, vemos cómo la piel de la Tierra se vuelve rugosa, de un verde oscuro y denso. Son las copas de los árboles, apiñadas, formando un dosel que se eleva hasta treinta metros. Más de la mitad de estas selvas se encuentran en América Latina, especialmente en la cuenca del Amazonas. También en el sudeste asiático, en Australia, Tailandia y en regiones de África.
Si descendemos un poco, descubriremos que la selva tiene varios pisos. Arriba, el dosel, un techo de hojas que atrapa la luz solar y donde viven orquídeas y bromelias agarradas a los árboles como viajeras que buscan el sol. Debajo, el sotobosque, un mundo de penumbra donde solo llega un cinco por ciento de la luz. Aquí crecen helechos, palmeras bajas y musgos, esas plantas diminutas y humildes que apenas levantan unos centímetros del suelo. Y más abajo todavía, en el suelo mismo, donde la luz es un recuerdo, solo los hongos encuentran su lugar. Y ahí surge la pregunta: siendo los hongos tan esenciales para las plantas, ¿deberían también formar parte de la vegetosfera?
Lo cierto es que las selvas tropicales son el corazón palpitante de la vegetosfera. En una sola hectárea pueden convivir hasta cien especies distintas de árboles. Allí se concentran dos tercios de todas las flores del mundo. Y todo este entramado verde cumple una función silenciosa pero vital: produce oxígeno y atrapa CO2, sosteniendo el equilibrio del planeta.
En el próximo capítulo nos adentraremos en los bosques de coníferas y templados. Hasta entonces, fijaos bien en la vegetosfera que os rodea. Porque está viva, y nosotros vivimos dentro de ella.
2. BOSQUES DE CONIFERAS Y BOSQUES TEMPLADOS
En esta segunda parte, nos subimos a nuestro globo aerostático para viajar más allá de los trópicos y explorar los increíbles bosques del hemisferio norte.
Comenzaremos sobrevolando las enormes masas verdes del oeste de Estados Unidos, donde habitan gigantes como las secuoyas costeras y los pinos de Oregón. Pero no todo es belleza; también veremos las cicatrices dejadas por la tala y los incendios.
Continuaremos nuestro viaje hacia el norte, para admirar la inmensidad de la taiga, el bosque boreal que abraza países como Canadá, Suecia y Rusia, cubriendo nada menos que un 11% de todo el planeta. Descenderemos a las montañas para descubrir los abetos y tuyas que desafían el frío y la nieve, y nos sorprenderemos con coníferas que, como los alerces, cambian de color en otoño.
Haremos una parada especial en España, para conocer los bosques de montaña de Pirineos y el singular pino canario. Y, cambiando de tercio, nos dejaremos llevar por la explosión de color de los bosques templados caducifolios. Rojos, naranjas y amarillos pintarán los Apalaches en Estados Unidos, las riberas de los ríos en México y los rincones más especiales del Mediterráneo.
Un viaje de norte a sur para contemplar la corteza terrestre en su máximo esplendor… antes de que empiece a perder frondosidad.
3. SABANAS, PRADERAS Y ESTEPAS, UNA PIEL DE PELO CORTO
La vegetosfera se puede comparar con la piel del planeta: mientras selvas y bosques son como un pelo espeso y abundante, la mayor parte de la Tierra está cubierta por un vello más suave o casi lampiña: Biomas abiertos donde predominan las hierbas y la vegetación baja: sabanas, praderas, estepas y tierras de cultivo.
Las sabanas, como las del Serengeti en África, son llanuras con hierbas dominantes y árboles dispersos (acacias, baobabs icónicos que almacenan agua en sus troncos, marula o candelabros). Tienen una estación seca muy dura y una húmeda que las cubre de pasto verde, atrayendo a grandes herbívoros. Existen también en Australia, Brasil (la más rica), Colombia o Venezuela, con especies como pasto pangola, Rhodes o Bermuda.
Las praderas y pampas reciben menos lluvia y están casi exclusivamente cubiertas de gramíneas altas o cortas que se mecen con el viento. En EE.UU. hay zonas de hierba alta, corta y mixta; en Argentina destacan árboles como el caldén o algarrobo, y arbustos como piquillín o chañar.
Las estepas euroasiáticas, desde Ucrania hasta Siberia, soportan climas extremos y pastos resistentes; allí se domesticaron los caballos hace miles de años.Estos biomas comparten ser espacios abiertos con rica fauna adaptada, influenciados por sequía, fuego y pastoreo. Históricamente cubrían el 42 % de la superficie terrestre, pero hoy solo queda el 12 %, porque gran parte se ha transformado en tierras de cultivo: monocultivos de cereales (maíz, trigo, arroz), legumbres o frutales que dependen de riego artificial, abonos y pesticidas. Solo unas 20 especies seleccionadas por el ser humano aportan el 90 % de los alimentos, aunque la distribución sigue siendo muy desigual entre países ricos y pobres.
El capítulo cierra invitando al siguiente: la tundra y los desiertos, donde la vegetosfera se esfuerza aún más por sobrevivir en condiciones extremas.