La Encina presenta al Roble

Y ahora mi hermano el Roble continuará refiriendo historias de Zeus y de otros míticos personajes. El Roble, árbol injustamente tratado en mi Península Ibérica, pertenece como yo al género Quercus, formado por más de seiscientas especies. Es un antiguo habitante de la Tierra, en la que vive desde el Cretácico. Los hombres ya aprovechaban su ramaje mediante el desmochado periódico en el Paleolítico.

PAPIRO.– El nombre de una de las especies de roble, el Quejigo, procede de la palabra prerromana Kassiko, y en japonés y en varias lenguas del entorno del Himalaya al Roble se le nombra Kassi.

ENCINA.– En algunas culturas se decía que el Roble fue el primer árbol que creció en la Tierra. Los druidas galos daban al Roble un culto espe- cial. El Roble es el árbol antropogénico (1) por excelencia dentro de la tradición europea. Los habitantes de la Arcadia creían haber sido robles antes de convertirse en hombres. No es cierto que los humanos procedan de los robles, pero sí lo es que las bellotas de los Quercus fueron uno de los alimentos principales de los hombres y mujeres primitivos.
Sócrates juraba por el Roble. Si hay un árbol sagrado, ése es el Roble, metáfora del cielo y de la atmósfera. Las abejas -que entre los griegos simbolizaban el alma- prefieren habitar en los robles. Nada se parece tanto al oro como las hojas del roble que se recortan sobre un vespertino firmamento azul añil de verano. El Azul nunca es más azul que tras las hojas de un roble a finales del otoño. En la mentalidad del hombre primitivo el Roble -como yo misma- está unido al rayo por la atracción que ejerce sobre él. Cuando los antiguos hombres levantaban sus ojos al cielo en busca de un oráculo, sentían que la sangre se les helaba en las venas ante la respuesta de un imponente relámpago y del trueno que le sigue sobrecogedor.

 

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