FUENTE DEL BERRO

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Fabuloso ejemplar de Gingko, perteneciente al catálogo de árboles Singulares de Madrid. Parque de la Fuente del Berro

La Fuente del Berro fue encargada por Felipe IV, en lo que se constituyó como un nuevo Real Sitio a partir de la década de 1630. Al principio se llamó Quinta de Miraflores y en 1954 se convirtió en parque público con el nombre de Fuente del Berro. Por aquella época se intentaba reconstruir el patrimonio jardinístico de la ciudad, que había sido destruido por la guerra civil. De este modo la década de los cincuenta supuso para Madrid la incorporación a los bienes públicos de este parque junto con el de Eva Perón.

La Fuente del Berro constituye uno de los más importantes parques adscritos a la categoría de jardín histórico-artístico. En este sentido, cabe destacar un hecho curioso: Más de la mitad de los jardines de España de este tipo se encuentran en Madrid o sus proximidades. La explicación radica en que nuestra ciudad fue elegida en 1561 por Felipe II como sede de la capital del reino, motivo por el cual se realizaron en torno a ella numerosos Reales Sitios por parte de la corona e importantes posesiones de la nobleza, muchos de los cuales acabaron convirtiéndose en parques públicos.

El inicio del parque tiene lugar en una finca situada junto al arroyo Abroñigal, curso de agua pura del que ahora nos queda el trazado de la M-30 como recuerdo. De este río se tienen noticias desde el siglo XVII.

El condestable de Castilla y León, Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías y conde de Haro, compró diversas tierras con el fin de formar una quinta que se llamaría de Miraflores, de Frías o Huerta del Condestable.

En diciembre de 1630. el mismo año en que Felipe IV mandó que comenzaran las obras del Real Sitio del Buen Retiro, el monarca adquirió por 32.000 ducados la mencionada finca, que contenía una casa con jardines, huertas, tierras de labor, viñas y frondosas arboledas compuestas de gran cantidad de árboles frutales, cipreses, álamos y moreras. La zona era extraordinariamente rica en aguas, que se aprovechaban para sus fuentes y estanques.

Sin embargo, el Rey-Poeta no pudo disfrutar durante mucho tiempo de esta finca, puesto que en 1640 comenzó, con el llamado Corpus de Sangre, el levantamiento de Cataluña contra el poder central, contienda que duraría 12 años. Por este motivo fueron expulsados del monasterio de Montserrat unos monjes benedictinos castellanos, a los que el monarca alojó en Madrid, cediéndoles esta finca, si bien los reyes se reservaron el derecho de utilizar las aguas que lo regaban, ya que tenían una altísima calidad y se había generado la tradición de recoger agua en sus fuentes que posteriormente era transportada en burro a palacio.

Los monjes estuvieron sólo dos años en esta posesión regia, que dejaría de serlo desde comienzos del siglo XVIII. En efecto, en 1703 fue comprada por la Adelantada de costa Rica, María Trimiño Vázquez de Coronado, quien realizó diversas mejoras relacionadas con las conducciones de agua y de riego; unos años más tarde la legó a Obra Pía de los Padres Mercedarios Calzados, aunque los reyes seguían reservándose el derecho sobre sus aguas. Carlos III mandó proteger la fuente con una casilla, a la vez que empezó a denominarse fuente del Rey.

En mayo de 1800, Martín Estenoz adquiría en pública subasta esta quinta del Berro, de dieciocho fanegas y veinte estadales, excluyendo lo que ocupaba la casa y la fuente del Rey con entradas y salidas. El terreno se dividía en un pedazo de secano, lindante con el camino de Vicálvaro, de tres fanegas á novecientos reales de vellón cada una: otro pedazo de secano en la ladera por vajo de la casa y fuente del Rey, su cavida de tres fanegas y nueve celemines, la cual llega hasta el arroyo del abroñigal, a ochocientos reales cada fanega. En los regadíos con agua de pie de la fuente del Berro, con abundancia en todos los tiempos, hay seis fanegas y once estadales, de valor de doce mil reales de vellón cada fanega.

A mediados del siglo XIX el propietario debía de ser el brigadier Ramírez, puesto que así nos lo indica Pascual Madoz al referirse a la casa de campo existente en el camino de Vicálvaro. A finales de esta centuria fue utilizada como marco para instalar el jardín de recreo Nuevos Campos Elíseos, en cuyo recinto se levantó una torre-mirador, invernaderos, la ría, el estanque, una cascada, sin que faltase una escuela de tiro, un velódromo, una montaña rusa, etc.; se aprovecharon, asimismo, algunos edificios existentes, como el palacete, donde se instaló el restaurante. Aunque se abría al público en 1900. parece ser que dos años más tarde este magno proyecto ya no funcionaba.

Después tuvo diversos propietarios, como las señoras Santa Marina, de lasa que pasó a Alberto Mardeu. A partir de entonces existen varias hipotecas osbre la finca, una de las cuáles fue candelada por Mardsen Beenley, quien la vendió en 1920 a Partick Escot, y éste a Cornelis Van Eeghen, de quien la heredó su hijo Mauritz. Durante estos años se celebrarían numerosas fiestas en su palacete, a las que incluso asistían algunos miembros de la familia real. El hecho de pasar a manos de distintos particulares quizá sea la causa de la escasez de datos que existen sobre este jardín en los archivos públicos.

En 1948 el Ayuntamiento de Madrid, durante la alcaldía del conde de Mayalde, compró la quinta por 6.700.000 pesetas, si bien sus méritos habían sido reconocidos ya el 4 de enero de 1941 cuando fue declarado jardín histórico-artístico.
Debido a las obras de restauración no se abriría al público hasta 1954, permaneciendo así hasta nuestros días.

Se trata de un hermoso parque de claro estilo paisajista de más de 13 hectáreas de superficie, el terreno tiene un marcado desnivel que va desde la calle Enrique D’Almonte hasta la M-30, pudiendo encontrar en algunos puntos zonas acondicionadas como miradores, como el llamado del Globo, que hoy no conserva su balaustrada.

Sobre sus extensas praderas surcadas por sinuosos paseos se alzan gran variedad de árboles (unos 749). Existe gran riqueza ornitológica, a la que se suman algunos pavos reales.

Los elementos característicos del jardín inglés salpican la zona verde, como una ría irregular, un palomar, rústicos puentes y cascadas. Cerca de este punto puede verse el grupo escultórico dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer y el busto en bronce de Enrique Iniesta.

Cera de la M-30 existe una zona formada por un estanque circular bajo, de 13 m. de diámetro, al que llega un canalillo que parte de un banco corrido, junto al que existe una escultura de un desnudo masculino apoyado sobre un cántaro, en la línea de las figuras alegóricas relacionadas con el agua.

Cabe destacar también un pequeño estanque regular en cuyo centro se alza un gran jarrón de piedra y que se halla junto a la entrada principal. Ésta se compone de dos pequeños torreones almenados que abren la tapia de ladrillo existente en la calle Enrique D’Almonte, a la cual aparecen adosadas algunas construcciones del mismo material, quizá restantes de los desaparecidos Nuevos Campos Elíseos. Junto a la entrada principal, ocupando la zona alta del recinto se haya el mencionado palacete, de estilo clasicista, que después de servir de residencia a los últimos propietarios se ha usado como restaurante, como sede del Instituto Arqueológico Municipal, y actualmente como Centro Sociocultural del distrito de Salamanca. En sus inmediaciones se haya la estatua de bronce dedicada al poeta ruso A. Pushkin. D otra de las fachadas parte una escalera en la que se abre una pequeña gruta revestida con cerámica y que termina en un pequeño estanque circular situado a nivel del suelo.

El 13 de mayo de 1968 esta zona verde reampliaba con una franja de 53.686 metros cuadrados, a lo largo de la M.30 que recibe el nombre de Parque de Sancho Dávila.

1) Una fanega era una antigua medida de superficie, equivalente a 3480 metros cuadrados aproximadamente.

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