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ASAMBLEA ARBÓREA

El Roble se despide y cede la palabra al Álamo

LOS ÁLAMOS. ÁLAMO BLANCO. LA HISTORIA DE DRÍOPE

ROBLE.– “Una vez por todas todo canto es Orfeo”. …Gran poeta Rilke. Por cierto, hermana Encina, nació en Praga el mismo año que tu amigo Machado en Sevilla. Y ahora ¿permitiréis que recite unos versos en mi propio honor para despedirme? Es un pequeño fragmento de un poema de la pequeña pero excelsa Safo de Lesbos.

Eros ha sacudido mi espíritu
como la tormenta en el monte a los robles.

¿No es mazo bonito?

ÁLAMO NEGRO.– Lo es sin duda. Pero ya es hora de que cierres tu leñosa boca, amigo Roble el de tronco pintado de líquenes anaranjados, y nos dejes hablar a los demás. Nosotros, los Álamos, tenemos también amenas narraciones que referir, y ¡por las sustancias minerales de las que nos alimentamos! que también somos capaces de recitar a la divina Safo.

ROBLE.–¿Quién lo pone en duda, Álamos de luz, especie de crecimiento rápido? Si a los árboles en general nos gusta la poesía, vosotros os identificáis con ella como ninguno.

Contra el cielo inexpresable, el álamo, ya amarillo,instala la alta belleza de su éxtasis vespertino.

La luz se recoge en él como en el nido tranquilo de su eternidad. Y el álamo termina bien en sí mismo.

Admiro, Álamos, vuestras espléndidas cualidades ornamentales que los Humanos demuestran apreciar cuando os incorporan a sus paisajes. Los romanos os llamaron Populus por el aprecio que el pueblo os tenía. Admiro también vuestra facilidad para la reproducción, pues sois capaces de llevarla a cabo por semillas, por brotes de cepa, raíz o adventicios. Me asombra vuestra extraordinaria capacidad para la hibridación y para la multiplicación por trasplante, injerto, esqueje o acodo; de tal manera que un individuo de vuestra especie puede prolongar indefinidamente su vida.

ENCINA.– Los Álamos hacen material la belleza en las Mesetas castellanas de mi Península.

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria ?barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra?.

Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

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