Real Jardín Botánico de Madrid

Quien traspase la sólida puerta de Murillo frente al actual Museo del Prado puede tener la sensación de que entra en un mundo trasnochado pues se encontrará en un recinto cerrado en el que se cultivan las más variadas plantas y en el que trabajan botánicos y jardineros con el fin de conocerlas mejor y reproducir en la medida de lo posible en pleno centro de Madrid el reino vegetal en miniatura…

El jardín es un museo, un lugar de reposo y sosiego, es un centro de investigación y además es una permanente fuente de sorpresas pues el ciclo de las plantas hace que cualquier momento del año sea diferente de todos los demás.

El botánico fue declarado Jardín Histórico Artístico en 1942 atendiendo a su dilatada historia a lo singular de su trazado y agregado de conservación de sus valores. En su recinto hay valiosos e interesantes elementos que abarcan un riquísimo espectro cultural. Si lo que interesa al visitante es la jardinería destacan los árboles y sus colecciones botánicas, las plantas exóticas que se cultivan en los invernaderos, así como las exposiciones que se celebran en el pabellón de invernáculos (también conocido como pabellón Villanueva) y las conferencias simposios reuniones técnicas etcétera que tienen lugar en el Salón de Actos.

La Wood Wide Web en el Jardín Botánico de Madrid

Próxima visita al jardín: Martes 25 de julio

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Síntesis histórica

 

El rey Carlos III, por real resolución de 25 de julio de 1774 decidió el traslado del Jardín Botánico existente en las afueras de Madrid en el sitio de migas calientes camino de El Pardo al lugar conocido como Las Huertas del Prado Viejo de Atocha que actualmente ocupa la propuesta del duque de Losada del 23 de febrero de 1773 a Su Majestad el Rey. La ambiciosa operación se materializó en la compra de esos terrenos expresamente para edificar el nuevo jardín y la casa de reales estudios de botánica.

 

El traslado del Jardín Botánico formó parte de la gran reforma urbanística emprendida en 1766, durante el reinado de Carlos III para hermosear lo que luego se denominó Paseo del Prado.

 

Por iniciativa del Conde de Aranda y el arquitecto real Ventura Rodríguez se hicieron los desmontes y terraplenes para conducir las aguas que discurrían por lo que hoy es el susodicho Paseo del Prado. El proyecto del nuevo jardín se encargó al arquitecto real Francisco Sabatini, quien decidió aterrazar el terreno en tres niveles para salvar la pendiente, eligiendo como diseño para el cuerpo del jardín las formas de un óvalo insertado en un trapecio y éste a su vez sobre un cuadrilátero. Las primeras excavaciones comenzaron en mayo de 1776 y posteriormente se procedió a la construcción de la puerta principal o Puerta Real, que se encarga de dar fachada al Paseo. Sabatini diseña y supervisa las obras, mientras que sobre el terreno actúa el arquitecto Antonio Perete. En 1780 se hace cargo de la dirección de las obras del arquitecto Juan de Villanueva (artífice del Museo del Prado) y como resultado el trazado del jardín se modifica ganando el diseño definitivo en claridad más acorde con las ideas neoclásicas renovadoras del nuevo arquitecto.

 

En este definitivo trazado influyó la opinión de los profesores del jardín, especialmente las ideas aportadas por Casimiro Gómez Ortega después de su viaje por Europa para visitar otros establecimientos similares. El traslado de plantas desde Migas Calientes es de comienzos de 1779 y se simultáneo con las obras de edificación la inauguración del jardín, en septiembre de 1781.

 

La visita al Jardín

 

La terraza baja

 

Tras pasar por la taquilla accedemos a una explanada, a cuya derecha hay una tienda donde se venden recuerdos y objetos relacionados con la jardinería. Ya en la glorieta de Cavanilles nos fijamos en el seto de durillo Viburnum tinus recortado que enmarca esta plazuela y que será una constante a lo largo de la visita.

 

Ante nosotros, un semicírculo de castaños de indias en flor a finales de abril enmarca el antiguo borde de la glorieta antes de la restauración del jardín. Si la visita es en primavera se verán floridas plantas poco comunes de la jardinería madrileña como azaleas y rododendros, camelias, brezos… Mientras comenzamos a percibir el aroma de las magnolias de hoja caduca Magnolia loebneri. En seguida nos fijamos en los fontines de granito labrado, con surtidor en el centro, que definen los cuadros de cultivo. Igualmente los setos de boj delimitan las parcelas en las terrazas media y alta. En estos primeros cuadros se han entreplantado colecciones de bulbosas. Ya desde el mes de enero comienzan las floraciones de los Crocus sp. y narcisos (Narcissus bulbocodium), le siguen luego las demás especies de estos y otros géneros tanto silvestres como las cultivadas.

 

Entre abril y mayo se pueden ver las colecciones de lirios (Iris sp.), de gran variedad de colores en el verano sobresalen las hortensias (Hydrangea macrophylla) y las azucenas (Lilium sp.). Próximo a estas plantas se encuentra un granado (Punica granatum), árbol simbólico por constituir el emblema del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que se divisa desde lejos a la izquierda de la puerta de Murillo.

 

En el Paseo de Clemente destaca en invierno del alcanforero Cinnamomum Canfora, de la familia de los laureles hijo de un famoso ejemplo del jardín repetidas veces citado que desgraciadamente fue talado en los años 60. Próximo a éste encontraba el mayor de los majestuosos y numerosos almeces (Celtis Australis) del jardín, y que fue derribado por un tornado en mayo de 1991. En estos tiempos algunos de ellos se acercan ya al límite de su vida. El conjunto de almeces del Botánico ya merece por sí solo una visita. Dentro de la colección, es interesante observar a un congénere brasileño,  el almez de espinas (Celtis spinosa). También nos encontraremos ejemplares de almez americano (Celtis occidentalis) y C. laevigiata.

 

Si continuamos en nuestra visita hacia el centro del jardín por el paseo principal dedicado a Jose Quer, nos llamarán la atención en primavera las colecciones de flores que se cultivan en los cuadros: Los crocos  en febrero, los jacintos en marzo y abril, los tulipanes entre mayo y marzo entremezclados con flores de temporada.

 

A nuestra izquierda se extiende una notabilísima colección de variedades de Rosales obtenidos por Rosalistas españoles a lo largo de los siglos, rododendros y azaleas, peonías,hostas , rodgersias y al fondo una colección de coníferas. Destaca también un ejemplar de Betula pendula subsp. fonqueri y al final del otoño observaremos los vistosos frutos del acebo (Ilex aquifolium) de color rojo.

 

Durante el verano merece visitar la colección de Dalias que ofrecen gran variedad de formas y colores. Especialmente llamativas son los ejemplares de Dalia excelsa que únicamente florece a principios de diciembre durante los otoños sin heladas cuando ya ha alcanzado los 4 metros de altura.

 

Las primeras Dalias que llegaron a Europa arribaron a este jardín remitidas desde México en 1789 por José Vicente Cervantes, como fruto de la Expedición Botánica al Reyno de Nueva España.

 

A continuación del paseo nos encontramos con los cuatros dedicadas a las plantas medicinales. No pueden faltar en un jardín botánico estas colecciones. Desde los orígenes de la botánica ha habido necesidad de identificar las plantas y conocer sus propiedades medicinales. Por sus características a veces muy tóxicas siempre se han cultivado en recintos con cierta vigilancia.

 

Los primeros botánicos eran los médicos y posteriormente los boticarios, y desde la fundación del jardín se distribuían plantas medicinales a los que las necesitaban.

 

Al llegar al eje principal del jardín conocido como paseo del rey o de Carlos III nos encontramos en el centro de La Rosaleda. Esta colección de Rosales antiguos o clásicos a la sombra de antiguos árboles pretende reunir todos aquellos que han sido utilizados para obtener las diversas variedades modernas. Se incluyen las especies botánicas europeas asiáticas y americanas así como en las que se cultivaban en la Edad Media, rosas albas, gallicas, musgosas, centifolias y damascenas. Algunas de ellas proveedoras de perfumes de Palacio. La colección incluye las inmortalizadas por Josefina esposa de Napoleón en su colección de la Malmaison dibujadas por Pierre-Joseph Redouté. Están representadas igualmente algunas de aquellas que hicieron famoso al mejor rosalista español, Pedro Dot (1885-1976) admirado internacionalmente en su época. El núcleo de la colección fue donado por blanca Urquijo (1924-1997) gran aficionada a estas plantas, que las había reunido a lo largo de los años. La colección merece visitarse desde el mes de abril, momento en que comienzan las primeras floraciones, con llamativos ejemplares de la trepadora Rosa banksiae hasta finales de mayo. El momento de esplendor suele producirse hacia primeros de mayo. Es interesante ver la floración de la Rosa hemisphaerica, poco de frecuente en otros jardines. Hasta finales de año siguen en flor los ejemplares reflorecientes o los vistosos frutos de otoño.

 

Si decidimos continuar por el Paseo en vez de girar hacia el pabellón de Villanueva por el de Carlos III llegaremos a los cuadros dedicados a las plantas aromáticas y los endemismos. Entre aquellas se incluyen las que presentan olores característicos, así como las que sirven de condimento y perfumería. Numerosas pertenecen a la familia de las labiadas y muchas son características de la flora española:  

Los tomillos (Tymus sp.), cantuesos (Lavandula sp.), ajedreas (Satureja sp.), romeros (Rosmarinus officinalis), salvias, etc. se encuentran en cultivares junto con la menta (Mentha piperita), hierbabuena (Menta sp.), poleo (Mentha pulegium), orégano (Origanum sp), albahaca (Ocimum basilicum), perejil (Petroselinum crispum) y el apio (Apium graveolens). Desde finales de enero comienzan las floraciones vistosas del almendro (Prunus dulcis), y  la mimosa (Acacia dealbata), o los aromas como el del Dapnhe bholua o Clematis armandii, El laurel (Laurus nobilis), el jazmín (Jasminum officinale) o la yerbaluisa (Aloysia citrodora) florecen sucesivamente a lo largo del año.

 

En el cuadro de los endemismos se ha reunido parte de la colección de especies exclusivas de la Península Ibérica, algunas de ellas de distribución muy restringida. Aunque la mayoría no son muy llamativas presentan gran interés botánico pues sabido es que la riqueza de la flora mediterránea es más variada que la del norte de Europa. Podemos destacar el pinsapo (Abies pinsapo) abeto característico de las Sierras de Málaga y Cádiz,  también las Atropa Baetica, Cytisus striatus Helicotrichon cantabricum, Hypericum balearicum, Peonia broteroi o P. cambesedesii, Scrophularia pyrenaica, Silene bifacensis, son ejemplos de especies con distribución localizada en España. Como plantas características y amplia distribución podemos citar los tomillos o los narcisos. También crecen ejemplares de la variada y rica flora Canaria, como las Bencomia caudata, Bosea yerbamora, Centaurea arbutifolia, Frula linkii, Juniperus cedrus, o Piconia excelsa, que prosperan muy bien a pesar de los fríos invernales madrileños.

 

Al final del paseo se encuentran los cuadros de la huerta y las plantas industriales. Es una zona vistosa y muy didáctica, miles de escolares que acuden al Jardín cada año la incluyen en sus itinerarios de visita. Los cultivos que se suceden a lo largo del año, resultan frecuentemente desconocidos para jóvenes sin contacto con el campo. Les sorprende reconocer las plantas cuyo aprovechamiento se obtiene bajo tierra: ajo, cebolla, patata, boniato, nabo, rábano, remolacha, zanahoria…, o aquellos frutos menos vistosos: haba, judía, pipas de girasol, maíz, espárragos, etc.

 

Interesan también cultivos que no son frecuentes: kino, azafrán, o las tintóreas como la hierba pastel (Isatis tinctoria), o el cártamo (Canthamus ticntorius), bajo la sombra de un gigantesco almez (Celtis australis) o de un Rhamnus davurica.

 

Al final de esta terraza veremos la rocalla, donde se presentan algunas plantas que requieren este hábitata rocoso para prosperar. Entre la huerta y rocalla se encuentran los viveros y las parcelas de prácticas de los alumnos de la Escuela de Jardinería.

 

El paseo de Gómez Ortega

 

El doble paseo que separa las terrazas baja y media llamado de Gómez Ortega se conoce también como el de las Estatuas pues en él están situadas las 4 que se mandaron colocar en 1866. Corresponden los célebres botánicos del jardín: José de Quer, Simón de Rojas Clemente, Mariano Lagasca y Antonio José Cavanilles. Un seto de mirto o arrayán Myrtus communis recortado sirve de división entre la platabanda y el Paseo alto. Bajo él se  plantaron una colección de arbustos y plantas vivaces interesantes en la jardinería

 

Las escuelas botánicas

 

Subiendo a la terraza intermedia en la que podemos acceder desde la rocalla o junto a la huerta estamos próximos a los extremos de las escuelas botánicas.

Debemos empezar el recorrido fijándonos en la parcela en la que se cultivan las plantas inferiores: Cycadales y helechos. Está constituida por una zona de humbría en la que se ha creado un ambiente húmedo para los helechos y seco para las Cycas. Se ha reunido una colección de especies que pueden vivir en el ambiente de Madrid.

 

En el fontin dedicado a la escuela 1 comienzan las gimnospermas. Aquí veremos ejemplares centenarios como el Árbol de los 30 Escudos (Ginkgo biloba), originario de la China y Japón,  el árbol gigante del oeste americano (Sequoia sempervirens), junto a ejemplarea más jóvenes de Pinus wallichiana, el araar (Tetraclinis articulata), los cipreses (Cupresss funebris), Taiwania cryptomerioides y Metasequoia glyptostroboides, plantados después de 1981.

 

En el siguiente fontín, escuela dos, dedicado a las Magnólidas y Hamamlélidas, vemos antiguas coníferas, cipreses, el ejemplar de pino arrasco (Pinus halepensis) está catalogado por la Comunidad de Madrid como árbol singular. Destacan los ejemplares de Drimis winteri (Winterácea) perennifolia de Chile, que florece anualmente, cercidiphyllum japonicum, Cocculus laurifolius, Liquidambar styraciflua, y la fragantísima Clematis armandii, de hoja perenne y origen Chino, que llama la atención con sus vistosas flores blancas. Comienzan a floreecer a principio del invierno las Hamamélidas, y posteriormente la colección de Magnolias. Se encuentran entre ellas ejemplares de la familia betuláceas: encinas, coscojas, alcornoques y robles como Quercus canariesis, Q. faginea o Q. pubescens, etc, así como las mahoinas o los agracejos (Berberis sp) de las berberidáceas.

 

En el tercer fortín , escuela tres, se han plantado las Caiofílidas y parte de las Dilénidas. Llama la  atención un ejemplar de Kiwi (Actinidia chinensis) planta tenida por delicada en el clima de Madrid, que guada en un soporte metálico, fructifica perfectamente. Además de la colección de jaras (Cistus sp) es interesante fijarese en un antuiquísimo ejemplar de Beaucarnea recurvata, liliácea de Méxicoda desde antiguo en esa situación . Crecen también con vigor la Bosea yebamora de las Islas Canarias o la Ruprechtia slicifolia originaria de Brasil.

 

Al llegar al paseo de Carlos III, a nuestra derecha se divisa el Plano de la For, la Glorieta de Linneo, con narcisos floridos en el mes de marzo. Dos majestuosos plátanos (Platanus xo hispanica) encabezan el paseo que atravesamos.

 

Entraremos en la escuela cuatro, dedicada a las Dilénidas, donde se cultivan varias colecciones. Elntre los rododendros llama la atención , cuando está en flor, el Rhododendron angustinii de color violáceo, que resplandece con la luz de la mañana. Los brezos, (Erica sp. y Calluna sp.) parte silverstre y parte variedades de cultivo, ocupan también lugar destacado con llamativas flores en los meses de invierno. Otras ericáceas como los madroños (Arbutus sp.), los arándanos (Vaccinum sp) o la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) abundante en los montes de la meseta norte, a veces presentan dificultades de cultivo en este Jardín. La colección de sauces (Salix sp.) rodea al Schinus lentiscifolius, vistoso árbol brasileño conocido como Falso Pimentero.

 

La escuela cinco se dedica a las plantas de los órdenes Rosales y Fabales, pero lo que verdaderamente llama la atención es el majestuoso ejemplar de olmo del Cáucaso (Zelkova crpinifolia), en el centro de la escuela, despejado de otros árboles que le hagan competencia, centernario, único de ese porte y de lo más valioso de todo el Jardín. Está más que justificada su contemplación en pleno verano con todo el follaje, o en otoño por el colorido. Es todo un espectáculo. Otras especies de menor porte pero también de interés mereen destacarse, tales como el Quillay (Quillaja saponaria), árbol de Chile, plantado de antiguo en el Jardín, cuyo nombre hace alusión a las propiedeades de su corteza que se ha empleado para hacer jabón. Ogualmente interesnate son la Baubinia forficata o la Caesalpinia gillieaii.

 

La escuela seis rúne parte de las integrantes de la subclase Rosidaes. En ella se encuentran vistosso ejemplares de mirtáceas, como los Callistemon sp. o el mirto chileno (Luna apiculata). Otras plantas interesnatnes y heterogéneas como las olorosas Sarcococa sp. de hora perenne, verde oscuro, que toleran muy bien la sombra. Los bojes, los agrios, los evónimos, los cornejos (cornus sp) e incluso el granado (Punica granatum ) pertenecen a este grupo de plantas.

 

Es interesante ver el elemplar de Eaeagnus pungens soportado por una estructura que recubre. En esta misma escuela se cultivan otras colecciones como las de geranios o cítticos.

 

En la zona destinada a viveros, deberemos fijarnos en la Hovenia dulcis, árbol de la China, cuyos frutos, en racimo, tienen unos peciolos comestibles que saben a pasa. A sus pies se encuentran dos arbustos antiguos, el Ilex casine, pariente aericano de nuestros acebos, y la Colletia cruciata, arbusto de América del Sur con grandes púas, de la familia de las Rhamnáceas, cuya lámina fue dibujada en la expedición botánica de Malaspina.

Para continuar la visita, descenderemos hacia la hilera de fontines paralela al recorrido anterior, pero en sentido opuesto.

En la escuela siete, dedicada a la subclase Rosidae y orden Gentiales, destaca principalmente el Madroño (Arbutus unedo). Aunque hemos visto otro ejemplar de este arbilillo en la escuela cuatro, que es donde le corresponde botánicamente, éeste es el más vistoso del Jardín. Permanece en este lugar como resto de la antigua ordenación botánica. Dos ejemplareas muy antiguos, del siglo XIX, se encuentran situados en la terraza alta, que luego se visitará. Otro ejemplar llamativo es el Bupleurum fruticosum.

 

En la escuela ocho se encuentra otro de los árboles majestuosos del Jardín, el centenario olmo (Ulmus minor), conocido como El Pantalones. La grave enfermedad de esta especie, concida por grafiosis, ha invadido Europa y acabado con la mayoría de estos árboles. En Madrid, tanto en El Retiro como en la Casa de Campo, las pérdidas fueron masivas y , aunque los árboles del Jardín reciben los tratamientos más aconsejados, no estamos fuera del riesgo de perderlos.

 

Están plantadas en esta escuela variadas especies de la familia de las Labiadas, como la colección de tomillos (Thymus sp) de los que muchos son endémicos, o del género Phlormis. También se pueden ver antiguos ejemplares como el sauzgatillo (Vitex agnus-castus) o el Campsis x tagliabuana. Desde mediados de verano llama la atención en esta escuela, la vistosa floracióCleerodendron bungei, así como en otoño los brillantes frutos de la Callicarpa japonica

 

Pasando po rla escuela nueve, dedicada al igual que la anterior a las Astéridas, se llega nuevamente al paseo central o del Rey. Nos fijaremos a la izquierda en la estatua del REy Carlos III. Se fundió esta copia según modelo de la situada en la Plaza Mayor de Burgos.

 

Desde el Paseo se divisa un enorme cedro del Himalaya (Cedrus deodara) situado al fondo de la escuela once. En la escuela diez, observaremos las plantas de la amplísima familia de las compuestas. Son llamativas en verano las alcachofas (Cynura scolymus) o diversas especies de cardos, algunos endémicos como el Onopordum acaulum o la Cunara humilis, o muchas especies de los géneros Centaurea sp. Al cruzar a la siguiente escuela nos podemos fijar en la Artemisia arborescens de color gris plata y agradable efecto decorativo.

 

En la escuela once interesa fijarse especialmente en los bambúes, una colección de gramíneas infrecuente en nuestras latitudes. Desde los pies del cedro podemos observar un tejo que se conserva en medio del camino como resto de las antiguas plantaciones.

 

Ya en la escuela doce y última observamso la s monocotiledóneas y entre ellas las bulbosas. La colección de narcisos es bastante completa, numerosos de ellos son endémicos españoles y algunos están descritos por investigadores del Jardín. Dos cuadros están plantadoso de liliáceas y otra parcela se destina a los lirios (Iris sp.)

 

El plano de la flor

 

Una vez finalizado el recorrido de las escuelas, se puede visitar la terraza superior acceidendo por el emparrado. Esta valiosa pérgola de hierro forjado se levantón en verano de 1786 y desde entondes se ha mantenido sólo con ligeras reparaciones. Desde un principio se cultivó en ella la colección de vides españolas por Clemente y sus sucesores. Enmarca la parte superior del cuerpo principal del Jardín a ambos lados de los invernáculos. Afines de junio, al atardecer, el ambiente que rodea al pabellón es sumamente apacible. Las hojas de los árboles y arbustos tamizan la luza destacando entre ellas el cielo azul madrileño.

 

El pabellón de los invernáculos, de Villanueva, emerge como fondo de la terraza. Desde la restauración de 1891, se suceden en él exposicionees, presentaciones y actos diversos a lo largo del año.

 

El trazado de los arrietes de la terraza superior, curvilíneao, obedece al modelo escogido para la reforma de 1853 durante la dirección de Graells. Hasta entonces, se mantenían los cuadros como las otras dos terrazas. sE pueden ver a ambos lados, semienterradoas, dos fuentes, con su estanque, de la époco original de l Jardín labradas en granito. En el plano original de Sabatini ya figuraban dibujadas estas fuentes como elementos esenciales del trazado. Se las conoce como glorietas de los castaños y de los pátanos. Son lugares de estancia y reposo, con bancos, muy apreciadas por los visitantes del Jardín.

 

Otras dos glorietas, denominadas Glorietas de los Tilos, son lugares recónditos con sendas estatuas. En la glorieta norte está el monumento dedicado a Blas de Lázaro e Ibiza, así como un vetusto ejemplar de glicinia (Wisteria sinensis) soportado por un arco metálico, que trepa por los árboles adyacentes. En la glorieta sur podemos ver la estatua dedicada a la Dalia, y que comemora haber sido cogido el Botánico como Jardín por la Paz en 1991. La escultura es obra del escultor y académico Julio López Hernández..

 

En este Plano de la Flor se encuentran interesantes ejemplares de Árbol del Hierro (Parrotia persica), Haya roja (Fagus sylvatica), cedro del Himalaya (Cedrus deodara), Abies pinsapo, Butia capitata, Phoenix canariensis, y Árbol del Paraiso (Elaeagnus angustifolia), junto al Pabellón Villanueva.

En el centro de la terraza, frente a la portada del Pabellón, una pradera con etanque rodea el busto de bronce de Lineeo, que está colocado sobre pedestal de granito que forma una fuente de cuatro caños que vierten a unas pilas, que a su vez dejan caer el agua al estanque. En las caras laterales del prisma se pueden ver leer los nombres de los ilustres de la botánica española, aunque inicialmente se acordó inscribir los nombres de los más insignes naturalistas ( y no sólo botánicos), que por orden alfabético son: Acosta, Asso, Barnades, Boldo, Boutelou, Caanilles, Cervantes, Clemente, G. Ortega, Hernández, Lagasca, Loefling, M. Blanco, Minuart, Mociño, Mutis, Neé, Palau, Pavón, Pineda, Quer, Ruiz, Salvador y Sessé.

 

Los invernaderos del jardín

Ferocactus en los invernaderos del R.J. Botánico de Madrid. Foto: Pablo Boixedo

la necesidad del estudio de todo el reino vegetal obligó a construir instalaciones donde se cultivaran las plantas de ciertos climas exóticos.

 

En los invernaderos visitables se han formado cuatro climas: en el de Graells, sin calefacción, se cultivan las plantas que tradicionalmente han estado plantadas en él como las plataneras (Musa sp.) que fructifican,  helechos (Dicksonia antarctica), plantas acuáticas en su estanque,  ficus pumila y falso pimentero (Piper nigrum). Recubriendo la pared se ha instalado un sistema de riego con agua pulverizada automáticamente que permite un ambiente más húmedo en el verano.

 

En el invernadero de exhibición de 3 climas se ha reunido una muy variada colección de especies en el clima tropical cuya temperatura no desciende de 16 grados. Prosperan y florecen numerosas orquídeas y bromelias, parte de ellas de origen natural fruto de las expediciones científicas y donaciones. Entre ellas las bromelias de los géneros Aechmea, Billbergia, Guzmania, etc. helechos como el Platycerium bifurcatum o la amplia colección de Tillandsia sp., orquídeas de los géneros Cattlea, Epidendrum, Dendrobium, etc. Estas especies cuelgan sobre ramas de alcoroque o sobre tiestos de fibra de helecho creando un ambiente natural . Completan estas colecciones plantas de porte mas elevado cultivadas en lastres jardineras, como helechos de los géneros Alsophila o Dicksonia, palmeras como las Caryota mitis o Aiphanes caryotaefolia, orquídeas de numerossos géneros, entre ellos los Vanda, y Vriesia, o lianeas como Staphanotis floribunda.

 

También se ha destinado un lugar apropiado para las llamativas carnívoras, por las que preguntan frecuentemente los visitantes. Pdoemos ver allí ejemplares de los géneros Nepenthes, Sarracenia, Drosera, Dionaea, etc.

 

En el departamento templado se han reunido plantas pertenecientes a los tres grupos diferentes. Las canarias, o macaronésicas, donde podemos observar un interesante ejemplar de drago canario (Dracaena draco),m taginastes (Echium sp), jazmín (Jasminum azoricum)

 

El segundo grupo de plantas es el de las comestibles. En él se reúnen las concocidas como aguacate (Persea americana), el mango (Mangifera indica), chirimoyo (Annona cherimola), piña tropical (Ananas comosus), crambila (Averrhoa carambola), papaya (Carica papaya) , cacao (Theobroma cacao), productoras de bebidas como la hierba mate (Ilex paraguarensis), té (Camellia sinensis), café (Coffea arabica), etc.

 

El tercer grupo lo forman las cicadales con especies de los géneros Cycas, Encephalantos y Zamia. También está plantada en este departamento la mimosa sensitiva (Mimosa pudica) que llama la atención a los visitantes.

 

En el departamento desértico se han reunido colecciones de cactáceas americanas y craseas africanas, donde abundan estos grupos en mayoría. Llaman la atención por su rareza las plantas piedra, representadas en los géneros Lithops o Conophytum, perfectamente mimetizadas con el sustrato que las rodea. Se pueden ver también variadas formas del género Euphorbia, Aloe, Haworthia, Caralluma, Yucca, etc. Entre las cactáceas se encuentran ejemplares de gran porte como el Cereus uruguayanus ‘monstruosus’, Carnegiea sp. y otros ejemplares de los géneros Stenucereus, Pachycereus, Pereskia, etc.

Fuente: Texto adaptado del libro ‘Real Jardín Botánico’, de los autores Juan Armada y Santiago Castroviejo.